El Camino del Valiente

La mayoría de veces vivimos una versión de nosotros mismos, de los demás y de nuestro entorno, condicionada y reducida. Muchas de las decisiones vitales que la conforman, las tomamos en edades muy tempranas y de forma poco o nada consciente. Interpretamos la información que nos llega de nuestro reducido hábitat como podemos, con los pocos recursos que disponemos en esa etapa. Lo hacemos por puro instinto de supervivencia y en busca de un amor parental que nos brinda seguridad y nos da aliento vital.

El camino terapéutico es, muchas veces, lograr descubrir todas estas decisiones vitales que ya no recordamos haber tomado. Rebuscar en la propia biografía con una linterna de largo alcance. Un primer paso es atreverse a identificarlas. Revivir nuestro niño interior, entender sus razones y validarlas. En ese camino del valiente, habrá que averiguar si estas decisiones aún nos benefician de alguna manera. Seguramente descubriremos que, una decisión que tenía todo el sentido del mundo en el momento que fue tomada, probablemente ya no nos beneficia en la actualidad. Agradecerla y comprenderla nos ayudará en nuestro camino de crecimiento personal.

Esta red de decisiones llevadas a cabo en una temprana edad, configuran lo que somos, definen gran parte de nuestra personalidad. Acaban siendo tan interiorizadas que no forman parte de nosotros; son nosotros. Las experimentamos como tan propias, que no somos capaces de ver ninguna alternativa. No hay distancia entre todo aquello que pudimos ser y todo aquello que somos. Al poder reconocer este escenario, confuso unas veces, claro otras, vamos siendo un poco más conscientes de ese ser del que, para bien o para mal, somos enteramente responsables. Acoger esta responsabilidad nos dará fuerza para un posible cambio hacia una visión mucho más ampliada de nosotros mismos, de los demás y de nuestro entorno.

Revivir este proceso de forma consciente es también un modo de volver a nuestro ser auténtico, reencontrarnos con él. Es un buscar nuestro particular y único sendero separándonos del que nuestros padres o cuidadores pensaron para nosotros. Hacerlo de una manera amorosa y respetuosa, libre de ira y de culpa, para ser capaz de reencarnarnos en una versión más sana, autónoma y enraizada de nuestro ser.

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